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EL GOL COMO ANESTESIA, Fútbol y poder en América Latina

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    Guy Galindo Quiroga
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EL GOL COMO ANESTESIA, Fútbol y poder en América Latina

Goce, dicha y el "resurgimiento de la bolivianidad" son los síntomas del, por el momento, exitoso repechaje mundialista de Bolivia. Son pocos los momentos dentro de las fronteras nacionales donde los sentimientos de unión entre bolivianos florecen, donde etnias, clases sociales y estratos parecen dejar de importar y todos se abrazan con los goles de Miguelito Terceros, las acrobáticas salvadas del "Billy Vizcarra" o los pases filtrados de Ramiro Vaca. Un momento que trasciende generaciones para volver a algo parecido de lo que fue la clasificación mundialista del 93. El fútbol, que a decir verdad casi nunca trae momentos de gloria al país, es el dispositivo que logra lo que muchas situaciones nunca consiguen: la unión y el sentimiento de pertenencia.

Son justamente estos momentos de júbilo, emocionalidad desbordante y sentimiento de patria los que aprovechan los gobiernos de los países futboleros para implementar medidas impopulares que pasan desapercibidas. Gramsci lo denomina hegemonía cultural: cuando el fútbol se convierte en un aparato ideológico con la clara intención de construir consensos en sociedades de masas. En los párrafos siguientes desglosaré algunos ejemplos históricos para confirmar dicha hipótesis.

CASO 1: ARGENTINA 1978

De la mano de Menotti, con Fillol cuidando el arco y la destreza goleadora de Kempes, Argentina salió campeona del mundo por primera vez —y encima de local—. El equipo del Flaco pudo conseguir esta hazaña después de muchos intentos; el más cercano fue el de la primera Copa del Mundo de 1930, cuando la perdieron contra los vecinos del Río de la Plata. No obstante, esta versión del mundial quedaría manchada por la política interna. Se vivía la dictadura militar más cruenta de la historia argentina del siglo XX: Jorge Rafael Videla era el presidente de facto y había impuesto la censura más severa contra cualquier opositor, toques de queda, supresión total de la democracia y, lo más brutal, el régimen de torturas y desapariciones más feroz de la segunda mitad del siglo XX en la región.

Se especula que fue el propio gobierno de facto el que "metió mano" en el resultado final, sobre todo en el polémico partido contra el Perú de Cubillas. Nada de eso importó, por supuesto, especialmente cuando Kempes metió el segundo gol y vencieron a la Naranja Mecánica —cuyo jugador estrella, el tres veces Balón de Oro Johan Cruyff, no viajó al torneo en protesta contra el régimen totalitario de Videla.

CASO 2: BOLIVIA CLASIFICA A LA COPA DEL MUNDO DE USA 1994

Mi padre me cuenta que ese mediocampo era de ensueño: Cistaldo en la contención junto con Melgar y Borja, la magnífica pegada del "Platini" Sánchez, la gambeta endiablada de Etcheverry, la velocidad y destreza del "Chocolatín" Castillo y la rebeldía dentro del campo de Baldivieso, solo por mencionar al mediocampo. Una generación dorada, habilidad pura, con el Vasco Azkargorta en el timón. La victoria contra Brasil en el Siles es memorable. Durante todo el proceso de las eliminatorias, Bolivia estuvo bajo el gobierno de Jaime Paz Zamora, padre del actual presidente, un gobierno que aplicaba la receta neoliberal en el país, con medidas en su mayoría impopulares para las mayorías trabajadoras. Y si bien en la semana de la clasificación no hubo ninguna medida puntual encubierta, el proceso de la clasificación ayudó a ese gobierno a encubrir casos de vinculación al narcotráfico y una economía débil para los sectores populares. Esto demuestra que no es solo en dictaduras sangrientas como la de Videla donde los gobiernos se refugian en el fútbol; también en democracias con instituciones débiles que necesitan del fútbol para conseguir esa "cohesión nacional" que, si bien es efímera, ayuda a dar oxígeno a gobiernos cuestionados.

CASO 3: 1970, BRASIL, PELÉ Y LA MEJOR SELEÇÃO DE LA HISTORIA

El Lobo Zagallo fue campeón del mundo en 1958 y 1962; si bien era un jugador recurrente en el once titular, los reflectores estaban en un Pelé de 17 años (1958) y en Garrincha (1962), la alegría del fútbol. Por azares del destino, le encomendaron a Zagallo armar la selección verdeamarela de 1970, tras el fracaso del Mundial del 66. Pero Zagallo enfrentaba uno de los problemas más desafiantes de la historia para armar ese equipo: tenía a los cinco mejores "10" de la época. Pelé, del Santos; Gerson, del San Pablo; Rivelino, del Corinthians; Jairzinho, del Botafogo; y Tostão, del Cruzeiro. Al genio de Zagallo no se le ocurrió nada tan descabellado en toda su vida: poner a jugar a los cinco. Tal experimento resultó en la mejor Brasil de la historia.

Mientras Brasil deslumbraba al mundo con su jogo bonito, el país vivía la dictadura militar en su etapa más brutal. El gobierno de Emílio Garrastazu Médici se caracterizó por la tortura sistemática a cualquier opositor político, la desaparición de cientos de personas por pensar diferente y la censura de toda información proveniente del periodismo independiente. Si bien su gobierno también fue recordado por un "milagro económico", fue la violencia sistemática del Estado la que lo definió —aunque claro, todo eso opacado por el "fútbol champagne" de los magos del 70. En plena euforia del campeonato, el régimen consolidó controles sobre la prensa y aceleró megaproyectos de infraestructura financiados con deuda externa que ahogarían al país en los años 80.

CASO 4: MUSSOLINI, EL PIONERO DEL USO POLÍTICO DEL FÚTBOL

Cruzamos el charco y para 1934 el fascismo en Italia estaba en pleno auge. Por primera vez en Europa, el campeonato del mundo llegaba al continente donde se inventó el deporte más famoso del mundo, e Italia, fiel a su estilo, no podía desperdiciar su localía, así que armó un equipo potente para vencer a sus pares sudamericanos, sobre todo a los rioplatenses. El Duce se metió personalmente en la organización del torneo, caracterizado por la supresión de partidos, el control de medios y el culto a la personalidad: un momento perfecto para mostrar al mundo las "bondades" de su gobierno y proyectar su fuerza en el ámbito internacional. Tal fue su intromisión que fue el "encargado" de elegir al árbitro para la final y de "recomendar" tácticas al entrenador de la Azzurra, Vittorio Pozzo. El historiador británico Simon Martin escribió que para Mussolini el fútbol era "una extensión de la política por otros medios".

CONCLUSIONES

Esta táctica política está ligada al "pan y circo" de la época del Imperio Romano, solo que adaptada a los tiempos modernos. Hoy, lejos de desaparecer, continúa con mucha fuerza: en Qatar 2022 se dejaron de lado los derechos humanos que se discutían en torno a las condiciones de los constructores de los estadios o a la situación de las mujeres en el país; y hoy la guerra de Estados Unidos contra Irán no parece afectar al Mundial 2026, que se desarrollaría en el país agresor. Bolivia vive momentos de cambios políticos bastante importantes y, sin duda, el gobierno aprovecharía este momento para implementar medidas que la resistencia popular no dejaría pasar si no fuera por la selección. En lo personal, si me preguntan: "Guy, ¿por esto que escribes dices que no apoyarás a la selección?", la respuesta es clara: por supuesto que la apoyaré, por supuesto que iré al Prado a festejar y fundirme dentro de la "efímera bolivianidad", y por supuesto quiero ver a mi selección en el Mundial. Pero nunca viene de más un recordatorio de que, incluso en el festejo, hay que estar alerta.

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